Cuba al límite

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yoES EL Sueño con que cada exiliado muera en su país de origen, pero no en las circunstancias de Víctor Batista Falla. Miembro de una acaudalada familia de banqueros, dejó su Cuba natal en 1960 cuando la revolución de Fidel Castro avanzó hacia el comunismo. Dedicó su vida a publicar la obra de escritores y pensadores exiliados, especialmente de convicciones socialdemócratas y liberales. El mes pasado visitó Cuba por primera vez en 60 años. El 12 de abril falleció, a los 87 años, en un hospital de La Habana, de covid-19. Probablemente lo había traído desde Madrid, donde había vivido durante décadas.

Desde la década de 1990 Cuba ha estado abierta al turismo masivo y visitas familiares. No es de extrañar que sea vulnerable al covid-19, como el resto de América Latina y el Caribe. Al 23 de abril había reportado 1.189 casos y 40 muertes. En proporción a su población, es similar al número de casos de Argentina.

Aunque no ha podido ofrecer prosperidad o libertad a los cubanos, el comunismo les ha proporcionado buena salud. Durante décadas, el régimen ha sobreproducido a los médicos y ha gastado más que el promedio regional en atención médica como porcentaje de PIB. Eso también ha valido la pena de otra manera. El envío de profesionales de la salud al exterior genera el 46% de los ingresos de exportación de la isla, sin mencionar el prestigio diplomático. (El estado, para el que todos trabajan, se queda con la mayor parte de sus salarios extranjeros).

Una fortaleza cubana particular es la capacidad del sistema de salud, característica de una dictadura, para movilizar a la población para la acción de salud pública. El gobierno se preparó para el virus ya en enero. Cuando se notificaron los casos a partir del 11 de marzo, fue rápido aislar a los pacientes, rastrear y probar sus contactos. El 20 de marzo, con solo 21 casos confirmados, prohibió todas las llegadas de turistas, confinó a grupos vulnerables, cerró las instalaciones educativas y suspendió el transporte público interprovincial.

Sin embargo, ni la atención médica ni la economía son lo que eran cuando Cuba disfrutaba de los generosos subsidios de la Unión Soviética. El sistema de salud ha sufrido recortes de gastos, la pérdida de médicos que ya no ejercen debido a los bajos salarios oficiales y la escasez de suministros. La sequía y la mala infraestructura han provocado escasez de agua. Hay otro factor de riesgo: casi el 20% de los cubanos tienen más de 60 años, más que en cualquier otro lugar de América Latina.

Entonces, covid-19 plantea una prueba severa, al igual que lo hace en otras partes de América Latina. Viene cuando la economía de Cuba ya estaba bajo una gran presión. Cuba no logró reformarse incluso cuando Estados Unidos, bajo Donald Trump, ha intensificado las sanciones y Venezuela, el aliado de Cuba, ha recortado el petróleo subsidiado.

Estas presiones han exacerbado la incapacidad crónica de la economía dominada por el estado para generar divisas. El cierre de la industria turística lo empeora aún más. The Economist Intelligence Unit, nuestra empresa hermana, calcula que las importaciones caerán a 9.100 millones de dólares este año, desde 11.700 millones en 2015.

El cierre de las fronteras ha puesto fin a las importaciones de alimentos en el mercado negro, mientras que las restricciones al transporte han reducido las entregas nacionales a La Habana, la capital. El gobierno carece de suministros suficientes para agregar artículos a la libreta de racionamiento estatal que reciben todos los cubanos. Hay largas colas fuera de los supermercados estatales escasamente abastecidos. Miguel Díaz-Canel, quien reemplazó al hermano de Fidel, Raúl, como presidente de Cuba hace dos años, admitió este mes que ha sido difícil imponer el distanciamiento social y se quejó de la “indisciplina e irresponsabilidad” de algunos cubanos.

Lo peor puede estar en la tienda. En el frente de la mente de los cubanos está el miedo a otro “período especial”, como lo llamó Fidel Castro, cuando la economía se contrajo en un 35% a principios de la década de 1990 con el fin de la ayuda soviética. Eso vino con cortes de energía generalizados y otras escaseces. Pavel Vidal, economista cubano de la Universidad Javeriana en Cali, Colombia, reconoce que PIB podría caer alrededor del 10% este año. Aunque la caída de los precios mundiales del petróleo ayudará, Cuba seguirá necesitando envíos desde Venezuela. “De eso depende si hay o no cortes de energía y otro período especial”, dice.

La administración Trump, en la que los cubanoamericanos desempeñan un papel importante, cuenta con una mayor presión para provocar el colapso del comunismo. Eso es improbable. En su fortaleza isleña, con su mezcla de coerción y paternalismo, el régimen creado por Fidel ha sobrevivido no solo a él, sino a la resistencia de por vida de personas como Batista. El resultado inmediato de la reversión de Trump de la apertura de Barack Obama hacia Cuba fue detener un cauteloso proceso de reforma del mercado. Es probable que el coronavirus lo elimine por completo de la agenda.

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Este artículo apareció en la sección de las Américas de la edición impresa con el título «Cuba al límite».

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