El gobierno cubano toma medidas enérgicas contra los manifestantes

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O11 DE JULIO miles de manifestantes salieron a las calles de manera espontánea en más de 50 pueblos y ciudades cubanas. Tenían una larga letanía de quejas: cortes recurrentes de electricidad, tiendas de comestibles vacías, una economía en quiebra, un gobierno represivo y una situación cada vez más desesperada con respecto al covid-19. En una muestra de descontento que no se había visto en la isla comunista durante quizás seis décadas, personas de todas las edades cantaron y marcharon, algunas de ellas al son de cucharas y sartenes. Gritaron ¡Patria y Vida! (Patria y vida) —un riff del eslogan revolucionario «Patria o Muerte», y el nombre de una canción de rap que critica al gobierno, junto con «¡Libertad!» (Libertad) y «¡Abajo la dictadura!» (Abajo la dictadura).

Aunque las protestas continúan, al día siguiente las ciudades estaban más tranquilas mientras la policía iba de casa en casa, rodeando a los líderes de la manifestación. La policía antidisturbios se extendió por las ciudades, los agentes vestidos de civil salieron a las calles y las turbas a favor del gobierno blandiendo imágenes de Fidel Castro fueron convocadas para corear lemas revolucionarios y ondear banderas cubanas. Miguel Díaz-Canel, el presidente y primer secretario del Partido Comunista, apareció en televisión para declarar: «Cuba es de sus revolucionarios». Alrededor de 150 personas han desaparecido y un manifestante ha muerto. Hay rumores de que se está reclutando por la fuerza a hombres jóvenes en el ejército.

La gran pregunta es cuánto poder de permanencia tendrán las protestas. Las próximas semanas mostrarán si la respuesta de acciones del régimen de aplastar cualquier signo de disidencia funcionará nuevamente. El gobierno tiene poco margen de maniobra para comprar la paz social. Cuba se ha visto gravemente afectada por el covid-19 y por una caída vertiginosa del turismo, del que depende en gran medida. La falta de divisas con las que comprar importaciones ha provocado escasez aguda de alimentos y apagones. Bajo la administración de Donald Trump, Estados Unidos endureció las sanciones contra Cuba. Estos han contribuido un poco a los problemas económicos de larga data de la isla.

La renuencia de Cuba a comprar vacunas extranjeras, nacida de una mezcla de autarquía y escasez de efectivo, significa que solo el 16% de la población está completamente inoculada. Vacunas de cosecha propia se están desarrollando, pero aún no se han implementado por completo; mientras tanto, a las farmacias les faltan incluso productos básicos como la aspirina. Mientras que el turismo se ha reanudado en lugares cercanos donde el covid-19 ha retrocedido, como Jamaica y la República Dominicana, Cuba está sufriendo un aumento de las infecciones. Incluso los datos oficiales muestran que el número de casos nuevos se duplica cada siete días. En un video publicado en Facebook, Lisveilys Echenique, quien vive en la ciudad de Ciego de Ávila, describió cómo su hermano pasó 11 días luchando contra el covid-19 sin tratamiento porque no podía conseguir medicamentos ni una cama de hospital. Después de su muerte, su cadáver permaneció en su casa durante siete horas antes de que llegara una ambulancia.

La economía cubana estuvo a punto de colapsar a principios de la década de 1990, después de que la caída de la Unión Soviética detuviera abruptamente la ayuda exterior. También hubo entonces protestas públicas, que se dispersaron rápidamente. Pero los cubanos ahora tienen acceso a Internet y son expertos en usarlo para movilizarse. En los últimos días han estado circulando rápidamente videos de violencia policial y detenciones arbitrarias. En un momento de la tarde del 11 de julio, cuando las protestas alcanzaron su punto máximo, las autoridades parecieron bloquear todo acceso a Internet. También se han suspendido algunos sitios de mensajería social.

Pero por mucho que el gobierno desee apagar Internet, no puede permitírselo: las exorbitantes tarifas de acceso que cobra el monopolio estatal de telecomunicaciones son una importante fuente de divisas. Internet también es un conducto vital para las remesas de los cubanos en el exterior. Los cargos por datos móviles y Wi-Fi aportan quizás $ 80 millones al mes para el gobierno, estima Emilio Morales de Havana Consulting Group en Miami.

“El gobierno se ha encerrado como una ostra”, dice José Jasán Nieves Cárdenas, editor de El Toque, una revista cubana publicada mayoritariamente en línea. “En lugar de reconocer que tiene que salir y entablar un diálogo con su pueblo, ha optado por la represión”. Se utilizaron gases lacrimógenos y balas de goma contra la multitud, aunque en algunos casos los manifestantes superaron en número a los agentes de seguridad que se vieron obligados a retirarse. A medida que las cosas se intensificaron, los coches de la policía fueron volcados y algunas tiendas de dólar, símbolos de la incompetencia económica del régimen, fueron saqueadas.

Díaz-Canel culpa de los problemas de Cuba al embargo impuesto por Estados Unidos, como siempre hace el gobierno. Ha ignorado las quejas de los manifestantes, los ha descartado como mercenarios y ha ofrecido excusas en lugar de planes de reforma. Después de que el presidente pronunció un discurso el 12 de julio, más manifestantes se reunieron frente al edificio del Capitolio en La Habana. Aparte de dimitir, no hay mucho que Díaz-Canel pueda hacer para enmendar a su gente, dice el dueño de una pequeña empresa. “No se puede tapar el sol con un dedo”, dice. Circulan rumores de que incluso miembros de la policía están comenzando a desafiar sus órdenes, ya que algunos piensan que los manifestantes tienen razón.

Alfred Martínez Ramírez, miembro de 27norte, un grupo de activistas, artistas e intelectuales que hacen campaña por una mayor libertad de expresión, se unió a una protesta frente al Ministerio de Cultura en noviembre. Estuvieron presentes unas 300 personas, lo que en ese momento parecía un número enorme. Los cubanos rara vez protestan, sobre todo porque las reuniones públicas no autorizadas son ilegales. Ver a miles de personas en las calles de La Habana y en otros lugares de Cuba le da a Martínez Ramírez la esperanza de que su grupo no está solo, y que incluso pueden haber ayudado a muchos otros a superar su miedo a la disidencia. “Ha habido un despertar”, dice.

Una versión de este artículo se publicó en línea el 13 de julio de 2021.

Este artículo apareció en la sección de las Américas de la edición impresa con el título «Una revuelta contra la revolución».

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